Trastorno del Espectro Autista, aquí te lo explicamos.

Un diagnóstico de autismo suele ser algo imprevisto y lleno de emociones. La mejor manera de afrontarlo es estando informados y así comprender el por qué de tantas conductas que se “salen se lo común” suceden en niños y niñas con autismo. En este pequeño artículo te contaremos datos interesantes sobre este tema.


Según el Ministerio de Salud y Protección Social (2015), el autismo se caracteriza por una cama de trastornos complejos del neurodesarrollo como impedimentos sociales, dificultades en la comunicación, patrones de conducta repetitivos, estereotipados y restringidos. A este espectro de signos y conductas se le conoce como Trastornos del Espectro Autista (TEA). Adicionalmente, al ser un trastorno que varía ampliamente en síntomas y gravedad, hay personas que pueden pasar sin ser reconocidas, sobre todo en los niños y niñas levemente afectados. Actualmente, la evidencia indica que no existe un solo tipo de TEA, sino que son diferentes trastornos, con diferentes causas, que tienen síntomas y signos similares y es por esto que se sitúan dentro de una misma categoría (Hervás, Blamaña & Salgado, 2017).


Como humanos, está en nuestra naturaleza querer saber el por qué de las cosas. Sin embargo, aún no hay una causa clara de los TEA, aunque en diferentes estudios se han evidenciado alteraciones neurobiológicas (es decir, en la estructura y funcionamiento del cerebro) y genéticas asociadas, así como factores epigenéticos y ambientales involucrados. A pesar de todas las investigaciones realizadas a lo largo de los años, el 75% de las causas siguen siendo consideradas como de causas multifactoriales desconocidas (Hervás, et al, 2017).


Para entender los TEA necesitamos entender la neurobiología de estas patologías. Según Bonilla & Chaskel (2016), la evidencia de diversos estudios a lo largo de los últimos años ha dado lugar a la idea de que los TEA está caracterizado por una conectividad neuronal atípica, más que por una alteración en áreas cerebrales puntuales. Es decir, todo el cerebro está conectado de una forma distinta al promedio general de la población.


Así mismo, se ha evidenciado un aumento global del tamaño de todo el cerebro tanto de la sustancia gris (los cuerpos de las neuronas) como la blanca (los “cables” que conectan a las neuronas), en especial en lóbulo temporal y frontal y en un área encargada de modular la atención y las emociones llamada la amígdala (Bonilla & Chaskel, 2016).


Estudios en los cuales han hecho uso de las neuroimagenes, encontraron agrandamiento de la amígdala en edades precoces, esto se relaciona con alteraciones de la atención conjunta y con la severidad de las alteraciones de la comunicación social entre los 4 y 5 años. También, existe una menor conexión entre el hemisferio cerebral izquierdo y derecho en áreas relevantes para la comunicación social (Hervás, et al, 2017).


Al ser un trastorno neurológico, este no tiene cura; no obstante la evidencia demuestra que el tratamiento psicológico y farmacológico pueden disminuir algunos comportamientos que generan malestar (Hervás, et al, 2017).


Es por esto que, según Hervás, et al (2017), la intervención en edades tempranas, gira alrededor de rutinas sociales centradas en todo momento en la motivación e intereses del propio niño (a), teniendo como finalidad, estimular y trabajar las áreas del neurodesarrollo más afectadas en los niños y niñas con TEA, que son: la imitación, la comunicación y el lenguaje, la iniciación y motivación social, el desarrollo de las habilidades motoras, cognitivas, así como de juego, siendo el centro de toda la intervención, la interacción con un adulto.


No existen, en la actualidad, fármacos de probada efectividad para los síntomas nucleares propios del TEA, pero si para aminorar algunos síntomas y conductas que puedan ser problemáticas (Hervás, et al, 2017).


En conclusión, los TEA son uno de los trastornos que se presentan de las formas más diversas. Es por esto que su rápida detección puede ser difícil si no se sabe mucho sobre el tema. Sin embargo, esta amplia gama de trastornos puede ser abordada desde la psicoterapia y así mejorar o aminorar algunos síntomas que puedan ser considerados como negativos o problemáticos.


Bibliografía


Bonilla, M., & Chaskel, R. (2016). Trastorno del espectro autista. Curso Continuo de Actualización de Pediatría: Sociedad Colombiana de Pediatría, 15(1), 5.


Hervás, A. H., Balmaña, N., & Salgado, M. (2017). Los trastornos del espectro autista (TEA). Pediatría integral, 92-108.


Ministerio de Salud y Protección Social (2015) Protocolo clínico para el diagnóstico, tratamiento y ruta de atención integral de niños y niñas con trastorno del espectro autista recuperado de http://discapacidadcolombia.com/phocadownloadpap/PUBLICACIONES_ARTICULOS/Protocolo-TEA-final.pdf

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