¡Cuando las pataletas de los papás complican todo!

Actualizado: 9 de dic de 2020

¿Pataletas? ¿Yo? ¡Soy un adulto! El problema es el niño.

Si fuéramos a describir una pataleta podríamos decir que es una expresión exagerada de las emociones, que involucra llanto, gritos, exigencias absurdas, reacciones no acordes con el momento y el lugar. Que las viven los niños que quieren manipular a sus padres, que se presentan porque están “malcriados” y que lo mejor es ignorarlas. (Cosa con la que no estamos de acuerdo, a propósito).



De otras fuentes más confiables que la sabiduría popular, se habla de que la pataleta la detona una necesidad biológica no satisfecha que imposibilita el autocontrol en situaciones cotidianas, por lo que un “no” frente a algo que parece simple, recibe una respuesta exagerada. Por ej. No dar un dulce, retirarse de un lugar donde se estaban divirtiendo los niños, apagar la televisión, pedir al niño que siga caminando a nuestro lado para ir a un lugar adonde él no quiere ir.


Sumado a cualquiera de las dos situaciones anteriormente descritas, el niño luego de “explotar” en llanto o gritos, tiene a un adulto que tuvo un día difícil, no ha comido bien por las múltiples ocupaciones, su jefe le dijo que no a todo lo que propuso, tuvo que trabajar más horas de la cuenta y está cansado, trabajó bajo presión y el pequeño momento que tuvo para comer, sus compañeros tenían mucho afán para terminar y tuvo que comerse todo rápidamente, comida que a propósito, no era su favorita. Rompen entonces en pataletas ambos, porque el otro no lo entiende, porque no hace lo que quiere, pero a fin de cuentas, la reacción es muy similar y entraría en la clasificación de pataleta.


¿Cómo puede salir algo bien de esta situación?

La única forma en la que los dos salgan bien librados de este panorama sería con estrategias que los reconforten a ambos y no que los enfrenten a una lucha de poderes más larga o que los incite a no disfrutar del potencial que tiene la familia y los seres que amamos para recuperarnos. Las recomendaciones que les daremos se pueden ajustar al estilo de la familia y de las personas pero indican siempre la importancia del acompañamiento, la atención, la comunicación y el amor.

Algunas recomendaciones:

  • Cuando como adulto tengo un día difícil, es importante identificarlo, tenerlo claro y saber que necesito apoyo de mi pareja, de un cuidador que me acompañe. Saber que no estaré tan tolerante frente a que no ordenen, coman lo que quiero, vayan a donde quiero, entonces me daré el permiso de tolerar un poco de desorden, que hoy la comida no cumpla con estándares perfectos y que el lugar sea agradable para ambos. (No, no hará que se malcríen por darme un día de permiso para esto).

  • Tratar de hacer actividades que no demanden tanta energía de mi parte por cumplir con el papel de “super cuidador” que nos pide la sociedad constantemente. Esto nos agotará más y hará que estemos más propensos a hacer una pataleta nosotros mismos frente a las expresiones de los niños.

  • Cuando se ha presentado la “pataleta”, comunicarnos con palabras reconfortantes como: “tuvimos un malentendido”, “hoy no ha sido un día fácil para los dos”, “Creo que necesitas algo y no hemos podido entender qué es”, “Estoy aquí, te entiendo, te amo”, “estás teniendo un mal momento, he pasado por esto también”, o “quisiera darte gusto con eso pero no es el momento ni el lugar, pero entiendo que te sientas así”. El lenguaje no es solo reconfortante para el niño, nos da a nosotros también la tranquilidad de que frente a nosotros está un ser humano que no está intentando hacernos daño o manipularnos, sino que por su edad y condición del momento le queda difícil tolerar.

  • ¡Un abrazo! Un fuerte abrazo siempre será reconfortante y dirá lo que en medio de una situación difícil es difícil decir. El contacto cercano con los demás nos brinda una sensación de seguridad y bienestar que permitirá sobrepasar esa situación que pareciera insoportable para ambos.

  • Nunca ignorar, esto nos cargará a ambos de sentimientos de rencor y nos desconectará de la sensación de que nos entendemos y somos empáticos. No enseña a los niños a sentir empatía por las expresiones de los demás que a veces nos parecen absurdas pero que las debemos escuchar y entender, así no las compartamos.

  • Si tendemos a reaccionar explosivamente, debemos identificarlo, reconocerlo para luego trabajar en ello cada día.

Que la “pataleta” que estamos teniendo como adultos no deje marcas en la relación con las que no nos acostemos tranquilos al final del día y nos desconecten cada vez más de las necesidades de ese ser humano que ha llegado a nuestra vida para darnos tantas alegrías y satisfacciones.


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